Una buena prenda de encaje puede durar años. Siempre que la proteja de los tres enemigos de la lencería fina: el calor, el roce y el centrifugado. Estos son los gestos que marcan la diferencia.

1. Lave a mano, con agua fría o tibia
Basta con agua a 30 °C como máximo y una pequeña dosis de detergente suave (jabón de Marsella líquido o detergente para prendas delicadas). Déjela en remojo unos minutos y luego presione suavemente el tejido entre las manos, sin frotarlo.
2. Si usa la lavadora, proteja sus prendas
Abroche los corchetes, meta cada prenda en una bolsa de lavado y elija un programa para delicados en frío, con el centrifugado mínimo. No lave nunca su lencería con vaqueros ni con prendas con cremallera.
3. No la escurra nunca retorciéndola
Retorcer el encaje deforma las mallas y los aros. Es mejor enrollar la prenda en una toalla y presionar para absorber el agua.
4. Séquela en plano, lejos de las fuentes de calor
Nada de secadora ni de radiador: el calor afloja el elastano y amarillea el encaje claro. Séquela en plano o colgada por el centro de la banda, a la sombra.
5. El satén se plancha del revés
Para un camisón o un kimono de satén, plancha a baja temperatura y siempre del revés, idealmente con un paño fino entre la plancha y el tejido.
6. Guarde los sujetadores con las copas encajadas
No doble nunca por la mitad un sujetador con aros: encaje las copas unas dentro de otras, en un cajón aparte. Las prendas más delicadas se guardan en una funda de tela.
7. Deje descansar sus prendas
Alternar dos o tres sujetadores permite que las fibras elásticas recuperen su forma entre un uso y otro. Es el secreto de una banda que dura mucho tiempo.
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